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miércoles, 18 de noviembre de 2015

Bendice a tus hijos

Normalmente nuestros padres se han esforzado mucho trabajando y consiguiendo bienes materiales para asegurarnos un futuro próspero, pero lo que ellos no sabían debido a la cultura en la que fueron criados, es que la llave de la prosperidad para los hijos reside en el poder de la bendición paternal.

Para quienes pertenecemos al Reino de Dios, no hay nada que supere la bendición impartida por papá, mamá, abuelos o en su defecto el adulto a cargo. Esta es un arma poderosa en Dios que beneficia a cualquiera sin importar la edad. Si eres un adulto de 50 años y alguno de tus padres aún vive, debes considerar propiciar el espacio para recibir bendición de tus padres. La bendición del mayor es una llave que ata en mi vida lo que mi mayor ate, y desata lo que mi mayor desate.

Muchos problemas de sanidad interior nunca podrán llegar a su completa resolución hasta haber concretado este punto... la bendición de aquel que por su ignorancia maldijo o simplemente no bendijo a sus hijos en las diferentes etapas de la vida.

Jacob impartió en José su hijo y en sus nietos Efraín y Manasés una poderosa bendición que estableció para ellos el mismo respaldo divino que el tuvo durante toda su vida. Recordemos que Jacob siempre supo la importancia de la bendición del padre y hasta tuvo la osadía de negociarla con su hermano Esaú.

Este es un tema largo y merece un completo seminario (como el que Dios me ha permitido desarrollar) para sacarle el máximo provecho. Sin embargo, esta reflexión y la Guía de reunión para bendecir a los hijos serán herramientas muy útiles para acceder a una transformación notable en la vida personal y de los hijos.

Dios te bendiga y te permita adquirir mayor revelación en este tema.

Pastor Alejandro Gil Sánchez.

Descarga el PDF de Guía de reunión para bendecir los hijos

jueves, 12 de noviembre de 2015

¿Tu fe o tus circunstancias?

Las circunstancias suelen ser un arma de doble filo en el camino de la fe debido a que muchas veces tienen el poder de determinar la manera en que andamos como cristianos.

Conozco personas a quienes las dificultades los acercan a Jesucristo para salvación, pero cuando vuelven los problemas tiempo después, se alejan de Cristo como si dicha salvación fuera poca cosa (en esos casos me queda la duda si fueron salvos); paradójicamente también hay quienes los tiempos de las "vacas gordas" los alejan del Señor porque están tan cómodos y todo está tan tranquilo, que no hay necesidad de Dios.

Cualquiera de estas circunstancias evidencia la inmadurez del ser humano y su imperante necesidad del poder del Espíritu Santo para caminar en Cristo adecuadamente. 

El tema en cuestión es que tanto los tiempos lluviosos como los soleados de la existencia han sido determinados por el Eterno Dios que nos ama y anhela ser lo más importante en nuestras vidas. Dios nos permite saborear y gozarnos en los días de prosperidad, pero también quiere que crezcamos en fe al pasar por las adversidades. Debemos ser conscientes de que nuestro papá Dios no deja de serlo por el solo hecho de disciplinarnos para hacer de nosotros mejores personas. 
El contraste mencionado nos ayuda a comprender que separados de Jesucristo nada podemos hacer (Juan 15:5) y que en "las buenas y en las malas" dependemos de él. Tengamos claro que su amor es inmutable y sus planes están llenos de perfección y sabiduría.

La pregunta es: ¿De donde provienen tus convicciones - de tu fe o de tus circunstancias? 

"Señor Jesucristo. Ayúdame a entender que el propósito de mi fe eres tu mismo y que la meta diaria de mi andar es tu presencia. 
Tu presencia no podrá ser superada por la prosperidad ni la adversidad; tu presencia está por encima de toda circunstancia y es allí donde mi vida tiene verdadero sentido." Amén.

Pastor Alejandro Gil Sánchez