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jueves, 21 de enero de 2016

¿Juicio o diagnóstico?

Debo ser realista y reconocer que todos los hermanos en Cristo nos hemos tomado atribuciones que El Señor no nos ha permitido; siendo una de esas atribuciones el ser jueces de la iglesia. Es complejo porque estamos llamados a sacar a la luz las obras de las tinieblas y confrontar el pecado, pero hemos confundido esta tarea con el ataque a los hermanos y en vez de ser oponentes del maligno nos hemos convertido en socios del acusador sin resolver a fin de cuentas el problema del pecado en la iglesia.

Una cosa es "juzgar" una persona y otra muy diferente "diagnosticarla". Les daré un ejemplo:

Usted ve en la calle un amigo suyo caminando hacia los lados, como mareado, sosteniéndose de las paredes, con la mirada perdida y sujetando una botella de licor. Posiblemente usted juzgará que está borracho y perdido. Usted se acerca y le habla porque la situación es preocupante, y aunque está un poco decepcionado de su amigo por ese nivel de embriaguez, decide ayudarlo llevándolo a casa pero se da cuenta que ni siquiera el sabe su nombre y algo extraño pasa en su conducta, entonces decide ir a un hospital donde finalmente a usted le explican:

"El hombre que ha traído está bajo el efecto de escopolamina. Fue drogado por delincuentes en contra de su voluntad para así poder robar sus cosas. Detectamos un mínimo nivel de licor en su sangre, al parecer estaba en algún bar o restaurante y apenas habría tomado un par de copas. Seguramente después de robarle lo dejaron suelto en la ciudad con esta botella vacía en su mano para que pareciese embriagado. Gracias por traer a este hombre antes de que hubiese sufrido un daño cerebral o un accidente en la calle".

Quiero ilustrar con esto que el hombre del ejemplo fue juzgado inicialmente como un borracho, pues las evidencias "eran claras", pero luego fue diagnosticado, en ausencia de prejuicios y parámetros morales subjetivos.

Podríamos concluir que este hombre se expuso al peligro por estar en cualquier parte tomando unas copas o acompañado de quien sabe quien; pero más importante aún era diagnosticarlo para poder tratarlo y salvarlo de la muerte.

La medida o vara para medir que debemos usar en la iglesia es la del "diagnóstico". Debemos llamar pecado al pecado y ayudar al hermano a que lo entienda. Esto demanda un corazón sano que sea capaz de hacerlo, pues las personas heridas con amargura y rechazo sencillamente utilizarán las caídas de los demás para desfogar en ellos el peso de sus propias frustraciones pronunciando juicios y veredictos que Dios no ha puesto en sus espíritus.

"Hermanos, si alguno fuere sorprendido en alguna falta,vosotros que sois espirituales, restauradle con espíritu de mansedumbre, considerándote a ti mismo, 
no sea que tú también seas tentado." 
Gálatas 6: 1

Emitir un diagnóstico implica buscar el origen del problema y hallar una solución. Emitir un juicio busca oprimir al pecador, humillarlo y establecer sobre el un veredicto para que sufra y pague por su pecado.

"Entonces, llamándolo su señor, le dijo: -Siervo malvado, te perdoné toda aquella deuda porque me suplicaste. 
¿No deberías tú también haberte compadecido de tu consiervo, así como yo me compadecí de ti?- 
Y enfurecido su señor, lo entregó a los verdugos hasta que pagara todo lo que le debía."
Mateo 18: 32-34

Que el Espíritu Santo nos de sabiduría y nos llene de amor para diagnosticar y no juzgar. Usemos la medida adecuada para que seamos medidos adecuadamente.

Pr Alejandro Gil Sánchez
mision.sembradores@gmail.com

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